Månadens Reflektion

 

MÅNADENS REFLEKTION

-på spanska-

 

¿QUE ES LA ORACION?

 

 

{Observe: lo escrito entre {..} son comentarios propios de quien transcribe este hermoso capítulo como producto de una privada meditación de este}

 

DIOS nos habla por la naturaleza y por la revelación, por su providencia y por la influencia de su Espíritu.

 

{"Dios nos habla ....por la revelación" de su Palabra. A través del escudriñamiento de ella, según la orden de Jesús (Juan 5:39), pidiendo la dirección del Espíritu de Dios, pues Jesús mismo nos lo prometió (lea Juan 14:26), aprendemos a conocerle. Teniendo en cuenta que "tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1:19-20) por tanto la Palabra de Dios se interpreta a si misma. Ejemplo: Apoc 12:17 habla del "testimonio de Jesús" y Apoc 19:10 explica qué es el "testimonio de Jesús"}

 

 

Pero esto no es suficiente, necesitamos abrirle nuestro corazón. Para tener vida y energía espirituales debemos tener verdadero intercambio con nuestro Padre celestial. Puede ser nuestra mente atraída hacia él; podemos meditar en sus obras, sus misericordias, sus bendiciones; pero esto no es, en el sentido pleno de la palabra, estar en comunión con él. Para ponernos en comunión con Dios, debemos tener algo que decirle tocante a nuestra vida real.

 

ORAR ES EL ACTO DE ABRIR NUESTRO CORAZON A DIOS COMO A UN AMIGO {mayúsculas: propio énfasis}. No es que se necesite esto para que Dios sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirlo. La oración no baja a Dios hasta nosotros, antes bien nos eleva a él.Cuando Jesús estuvo sobre la tierra, enseñó a sus discípulos a orar. Les enseñó a presentar Dios sus necesidades diarias y a echar toda su solicitud sobre él. Y la seguridad que les dio de que sus oraciones serían oídas, nos es dada también a nosotros.

Jesús mismo, cuando habitó entre los hombres, oraba frecuentemente. Nuestro Salvador se identificó con nuestras necesidades y flaquezas convirtiéndose en un suplicante que imploraba de su Padre nueva provisión de fuerza, para avanzar fortalecido para el deber y la prueba. El es nuestro ejemplo en todas las cosas. Es un hermano en nuestras debilidades, "tentado en todo así como nosotros", pero como ser inmaculado, rehuyó el mal; sufrió las luchas y torturas de alma de un mundo de pecado. Como humano, la oración fue para él una necesidad y un privilegio. Encontraba consuelo y gozo en estar en comunión con su Padre. Y si el Salvador de los hombres, el Hijo de Dios, sintió la necesidad de orar, ¡cuánto más nosotros, débiles mortales, manchados por el pecado, no debemos sentir la necesidad de orar con fervor y constancia!

Nuestro Padre celestial está esperando para derramar sobre nosotros la plenitud de sus bendiciones. Es privilegio nuestro beber abundantemente en la fuente de amor infinito. ¡Qué extraño que oremos tan poco! Dios está pronto y dispuesto a oír la oración sincera del más humilde de sus hijos y, sin embargo, hay de nuestra parte mucha cavilación para presentar nuestras necesidades delante de Dios. ¿Qué pueden pensar los ángeles del cielo de los pobres y desvalidos seres humanos, que están sujetos a la tentación, cuando el gran Dios lleno de infinito amor se compadece de ellos y está pronto para darles más de lo que pueden pedir o pensar y que, sin embargo, oran tan poco y tienen tan poca fe? Los ángeles se deleitan en postrarse delante de Dios, se deleitan en estar cerca de él. Es su mayor delicia estar en comunión con Dios; y con todo, los hijos de los hombres, que tanto necesitan la ayuda que Dios solamente puede dar, parecen satisfechos andando sin la luz del Espíritu ni la compañía de su presencia.Las tinieblas del malo cercan a aquellos que descuidan la oración. Las tentaciones secretas del enemigo los incitan al pecado; y todo porque no se valen del privilegio que Dios les ha concedido de la bendita oración. ¿Por qué han de ser los hijos e hijas de Dios tan remisos para orar, cuando la oración es la llave en la mano de la fe para abrir el almacén del cielo, en donde están atesorados los recursos infinitos de la Omnipotencia? Sin oración incesante y vigilancia diligente, corremos el riesgo de volvernos indiferentes y de desviarnos del sendero recto. Nuestro adversario procura constantemente obstruir el camino al propiciatorio, para que, no obtengamos mediante ardiente súplica y fe, gracia y poder para resistir a la tentación.

 

{Observe: La enumeración siguiente es propia de quien transcribe este párrafo producto del análisis}

 

CONDICIONES DE LA ORACION

 

Hay ciertas condiciones según las cuales podemos esperar que Dios oiga y conteste nuestras oraciones.

 

1 - Una de las primeras es que sintamos necesidad de su ayuda. El nos ha hecho esta promesa: "Porque derramaré aguas sobre la tierra sedienta, y corrientes sobre el sequedal' (Isaías 44: 3). Los que tienen hambre y sed de justicia, los que suspiran por Dios, pueden estar seguros de que serán hartos. El corazón debe estar abierto a la influencia del Espíritu; de otra manera no puede recibir las bendiciones de Dios.Nuestra gran necesidad es en sí misma un argumento y habla elocuentemente en nuestro favor. Pero se necesita buscar al Señor para que haga estas cosas por nosotros. Pues dice: "Pedid, y se os dará" (S. Mateo 7: 7 ). Y "el que ni aún a su propio Hijo perdonó, sino que le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos ha de dar también de pura gracia, todas las cosas juntamente con él?" (Romanos 8: 32).

 

2- Si toleramos la iniquidad en nuestro corazón, si estamos apegados a algún pecado conocido, el Señor no nos oirá; mas la oración del alma arrepentida y contrita será siempre aceptada. Cuando hayamos confesado con corazón contrito todos nuestros pecados conocidos, podremos esperar que Dios conteste nuestras peticiones. Nuestros propios méritos nunca nos recomendarán a la gracia de Dios. Es el mérito de Jesús lo que nos salva y su sangre lo que nos limpia; sin embargo, nosotros tenemos una obra que hacer para cumplir las condiciones de la aceptación.

 

3- La oración eficaz tiene otro elemento: la fe. "Porque es preciso que el que viene a Dios, crea que existe, y que se ha constituido remunerador de los que le buscan" (Hebreos 11: 6 ). Jesús dijo a sus discípulos: "Todo cuanto pidiereis en la oración, creed que lo recibisteis ya; y lo tendréis". (S. Marcos 11: 24). ¿Creemos al pie de la letra todo lo que nos dice?

La seguridad es amplia e ilimitada, y fiel es el que ha prometido. Cuando no recibimos precisamente las cosas que pedimos y al instante, debemos creer aún que el Señor oye y que contestará nuestras oraciones. Somos tan cortos de vista y propensos a errar, que algunas veces pedimos cosas que no serían una bendición para nosotros, y nuestro Padre celestial contesta con amor nuestras oraciones dándonos aquello que es para nuestro más alto bien, aquello que nosotros mismos desearíamos si, alumbrados de celestial saber, pudiéramos ver todas las cosas como realmente son. Cuando nos parezca que nuestras oraciones no son contestadas, debemos aferrarnos a la promesa; porque el tiempo de recibir contestación seguramente vendrá y recibiremos las bendiciones que más necesitamos. Por supuesto, pretender que nuestras oraciones sean siempre contestadas en la misma forma y según la cosa particular que pidamos, es presunción. Dios es demasiado sabio para equivocarse y demasiado bueno para negar un bien a los que andan en integridad. Así que no temáis confiar en él, aunque no veáis la inmediata respuesta de vuestras oraciones. Confiad en la seguridad de su promesa: "Pedid, y se os dará".

 

{Debemos saber y escudriñar la Palabra de Dios para así saber y discernir sobre lo que estamos pidiendo, si está en acuerdo con la voluntad de Dios y sus principios. Ejemplo: Un hombre pide a Dios le de "suerte" para comprar el billete ganador de la lotería. ¿Está esto de acuerdo con la voluntad de Dios y sus principios? Pues no, por lo tanto, aunque el hombre sea sincero y esté con fe orando a Dios por algo así, jamás Dios va a conceder esa petición pues iría en contra de lo que El mismo estableció. En Dios no hay mudanza ni sombra de variación alguna (Santiago 1:17). Muchos dirán que ese tipo de oraciones han sido respondidas, Ok, pero la pregunta es: ¿Quién las respondió?}

 

Si consultamos nuestras dudas y temores, o procuramos resolver cada cosa que no veamos claramente, antes de tener fe, solamente se acrecentarán y profundizarán las perplejidades. Mas si venimos a Dios sintiéndonos desamparados y necesitados, como realmente somos, si venimos con humildad y con la verdadera certidumbre de la fe le presentamos nuestras necesidades a Aquel cuyo conocimiento es infinito, a quien nada se le oculta y quien gobierna todas las cosas por su voluntad y palabra, él puede y quiere atender nuestro clamor y hacer resplandecer su luz en nuestro corazón. Por la oración sincera nos ponemos en comunicación con la mente del Infinito. Quizás no tengamos al instante ninguna prueba notable de que el rostro de nuestro Redentor está inclinado hacia nosotros con compasión y amor; sin embargo es así. No podemos sentir su toque manifiesto, mas su mano nos sustenta con amor y piadosa ternura.

 

4- Cuando imploramos misericordia y bendición de Dios, debemos tener un espíritu de amor y perdón en nuestro propio corazón. ¿Cómo podemos orar: "Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores" (S. Mateo 6:12) y abrigar, sin embargo, un espíritu que no perdona? Si esperamos que nuestras oraciones sean oídas, debemos perdonar a otros como esperamos ser perdonados nosotros.

 

5- La perseverancia en la oración ha sido constituida en condición para recibir. Debemos orar siempre si queremos crecer en fe y en experiencia. Debemos ser "perseverantes en la oración" (Romanos 12: 12). "Perseverad en la oración, velando en ella, con acciones de gracia". (Colosenses 4: 2). El apóstol Pedro exhorta a los cristianos a que sean "sobrios, y vigilantes en las oraciones" (1 S. Pedro 4: 7). San Pablo ordena: "En todas las circunstancias, por medio de la oración y la plegaria, con acciones de gracias, dense a conocer vuestras peticiones a Dios" (Filipenses 4: 6). "Vosotros empero, hermanos,... - dice Judas - orando en el Espíritu Santo, guardaos en el amor de Dios" (S. Judas 20, 21). Orar sin cesar es mantener una unión no interrumpida del alma con Dios, de modo que la vida de Dios fluya a la nuestra; y de nuestra vida la pureza y la santidad refluyan a Dios.Es necesario ser diligentes en la oración; ninguna cosa os lo impida. Haced cuanto podáis para que haya una comunión continua entre Jesús y vuestra alma. Aprovechad toda oportunidad de ir donde se suela orar. Los que están realmente procurando estar en comunión con Dios, asistirán a los cultos de oración, fieles en cumplir su deber, ávidos y ansiosos de cosechar todos los beneficios que puedan alcanzar. Aprovecharán toda oportunidad de colocarse donde puedan recibir rayos de luz celestial.

 

5- Debemos también orar en el círculo de nuestra familia; y sobre todo no descuidar la oración privada, porque ésta es la vida del alma. Es imposible que el alma florezca cuando se descuida la oración. La sola oración pública o con la familia no es suficiente. En medio de la soledad abrid vuestra alma al ojo penetrante de Dios. La oración secreta sólo debe ser oída del que escudriña los corazones: Dios. Ningún oído curioso debe recibir el peso de tales peticiones. En la oración privada el alma esta libre de las influencias del ambiente, libre de excitación. Tranquila pero fervientemente se extenderá la oración hacia Dios. Dulce y permanente será la influencia que dimana de Aquel que ve en lo secreto, cuyo oído está abierto a la oración que sale de lo profundo del alma. Por una fe sencilla y tranquila el alma se mantiene en comunión con Dios y recoge los rayos de la luz divina para fortalecerse y sostenerse en la lucha contra Satanás. Dios es el castillo de nuestra fortaleza. Orad en vuestro gabinete; y al ir a vuestro trabajo cotidiano, levantad a menudo vuestro corazón a Dios. De este modo anduvo Enoc con Dios. Esas oraciones silenciosas llegan como precioso incienso al trono de la gracia. Satanás no puede vencer a aquel cuyo corazón esta así apoyado en Dios. No hay tiempo o lugar en que sea impropio orar a Dios. No hay nada que pueda impedirnos elevar nuestro corazón en ferviente oración.

 

6- En medio de las multitudes y del afán de nuestros negocios, podemos ofrecer a Dios nuestras peticiones e implorar la divina dirección, como lo hizo Nehemías cuando hizo la petición delante del rey Artajerjes. En dondequiera que estemos podemos estar en comunión con él. Debemos tener abierta continuamente la puerta del corazón, e invitar siempre a Jesús a venir y morar en el alma como huésped celestial.Aunque estemos rodeados de una atmósfera corrompida y manchada, no necesitamos respirar sus miasmas, antes bien podemos vivir en la atmósfera limpia del cielo. Podemos cerrar la entrada a toda imaginación impura y a todo pensamiento perverso, elevando el alma a Dios mediante la oración sincera. Aquellos cuyo corazón esté abierto para recibir el apoyo y la bendición de Dios, andarán en una atmósfera más santa que la del mundo y tendrán constante comunión con el cielo.

 

7- Necesitamos tener ideas más claras de Jesús y una comprensión más completa de las realidades eternas. La hermosura de la santidad ha de consolar el corazón de los hijos de Dios: y para que esto se lleve a cabo, debemos buscar las revelaciones divinas de las cosas celestiales.Extiéndase y elévese el alma para que Dios pueda concedernos respirar la atmósfera celestial. Podemos mantenernos tan cerca de Dios que en cualquier prueba inesperada nuestros pensamientos se vuelvan a él tan naturalmente como la flor se vuelve al sol.

 

{Un pequeño comentario/ Referente a "tener ideas más claras de Jesús": Estudiar a fondo, diligentemente las Escrituras pues en ellas "os parece que tenéis la vida eterna y son las que dan testimonio" (Juan 5:39) del Hijo de Dios}

 

8- Presentad a Dios vuestras necesidades, gozos, tristezas, cuidados y temores. No podéis agobiarlo ni cansarlo. El que tiene contados los cabellos de vuestra cabeza, no es indiferente a las necesidades de sus hijos. "Porque el Señor es muy misericordioso y compasivo' (Santiago 5: 11). Su amoroso corazón se conmueve por nuestras tristezas y aún por nuestra presentación de ellas. Llevadle todo lo que confunda vuestra mente. Ninguna cosa es demasiado grande para que él no la pueda soportar; él sostiene los mundos y gobierna todos los asuntos del universo. Ninguna cosa que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeña que él no la note. No hay en nuestra experiencia ningún pasaje tan oscuro que él no pueda leer, ni perplejidad tan grande que él no pueda desenredar. Ninguna calamidad puede acaecer al más pequeño de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltar el alma, ningún gozo alegrar, ninguna oración sincera escaparse de los labios, sin que el Padre celestial esté al tanto de ello, sin que tome en ello un interés inmediato. El "sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas" (Salmo 147: 3). Las relaciones entre Dios y cada una de las almas son tan claras y plenas como si no hubiese otra alma por la cual hubiera dado a su Hijo amado.

 

9- Jesús decía: "Pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros; porque el Padre mismo os ama' (S. Juan 16: 26, 27 ) "Yo os elegí a vosotros... para que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé" (S. Juan 15: 16). Orar en nombre de Jesús es más que una mera mención de su nombre al principio y al fin de la oración. Es orar con los sentimientos y el espíritu de Jesús, creyendo en sus promesas, confiando en su gracia y haciendo sus obras.

 

{"Si me amáis guardad mis mandamientos" -Juan 14:15- "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré e él" -Juan 14:21}

 

10- Dios no pretende que algunos de nosotros nos hagamos ermitaños o monjes, ni que nos retiremos del mundo a fin de consagrarnos a los actos de adoración. Nuestra vida debe ser como la vida de Cristo, que estaba repartida entre la montaña y la multitud. El que no hace nada más que orar, pronto dejará de hacerlo o sus oraciones llegarán a ser una rutina formal. Cuando los hombres se alejan de la vida social, de la esfera del deber cristiano y de la obligación de llevar su cruz; cuando dejan de trabajar ardientemente por el Maestro que trabajaba con ardor por ellos, pierden lo esencial de la oración y no tienen ya estímulo para la devoción. Sus oraciones llegan a ser personales y egoístas. No pueden orar por las necesidades de la humanidad o la extensión del reino de Cristo, ni pedir fuerza con que trabajar.Sufrimos una pérdida cuando descuidamos la oportunidad de asociarnos para fortalecernos y edificarnos mutuamente en el servicio de Dios. Las verdades de su Palabra pierden en nuestras almas su vivacidad e importancia. Nuestros corazones dejan de ser alumbrados y vivificados por la influencia santificadora y declinamos en espiritualidad. En nuestra asociación como cristianos perdemos mucho por falta de simpatías mutuas. El que se encierra completamente dentro de sí mismo no esta ocupando la posición que Dios le señaló. El cultivo apropiado de los elementos sociales de nuestra naturaleza nos hace simpatizar con otros y es para nosotros un medio de desarrollarnos y fortalecernos en el servicio de Dios. Si todos los cristianos se asociaran, hablando entre ellos del amor de Dios y de las preciosas verdades de la redención, su corazón se robustecería y se edificarían mutuamente.

 

11- Aprendamos diariamente más de nuestro Padre celestial, obteniendo una nueva experiencia de su gracia, y entonces desearemos hablar de su amor; así nuestro propio corazón se encenderá y reanimará. Si pensáramos y habláramos más de Jesús y menos de nosotros mismos, tendríamos mucho más de su presencia.Si tan sólo pensáramos en él tantas veces como tenemos pruebas de su cuidado por nosotros, lo tendríamos siempre presente en nuestros pensamientos y nos deleitaríamos en hablar de él y en alabarle. Hablamos de las cosas temporales porque tenemos interés en ellas. Hablamos de nuestros amigos porque los amamos; nuestras tristezas y alegrías están ligadas con ellos. Sin embargo, tenemos razones infinitamente mayores para amar a Dios que para amar a nuestros amigos terrenales, y debería ser la cosa más natural del mundo tenerlo como el primero en todos nuestros pensamientos, hablar de su bondad y alabar su poder. Los ricos dones que ha derramado sobre nosotros no estaban destinados a absorber nuestros pensamientos y amor de tal manera que nada tuviéramos que dar a Dios; antes bien, debieran hacernos acordar constantemente de él y unirnos por medio de los vínculos del amor y gratitud a nuestro celestial Benefactor. Vivimos demasiado apegados a lo terreno. Levantemos nuestros ojos hacia la puerta abierta del santuario celestial, donde la luz de la gloria de Dios resplandece en el rostro de Cristo, quien "también puede salvar hasta lo sumo a los que se acercan a Dios por medio de él" (Hebreos 7: 25).

 

12- Debemos alabar más a Dios por su misericordia "y sus maravillas para con los hijos de Adán' (Salmo 107: 8). Nuestros ejercicios de devoción no deben consistir enteramente en pedir y recibir. No estemos pensando siempre en nuestras necesidades y nunca en las bendiciones que recibimos. No oramos nunca demasiado, pero somos muy parcos en dar gracias. Somos diariamente los recipientes de las misericordias de Dios y, sin embargo, ¡cuán poca gratitud expresamos, cuán poco lo alabamos por lo que ha hecho por nosotros!Antiguamente el Señor ordenó esto a Israel, para cuando se congregara para su servicio: "Y los comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios; y os regocijaréis vosotros y vuestras familias en toda empresa de vuestra mano, en que os habrá bendecido Jehová vuestro Dios" (Deuteronomio 12: 7). Aquello que se hace para la gloria de Dios debe hacerse con alegría, con cánticos de alabanza y acción de gracias, no con tristeza y semblante adusto.

 

13- Nuestro Dios es un Padre tierno y misericordioso. Su servicio no debe mirarse como una cosa que entristece, como un ejercicio que desagrada. Debe ser un placer adorar al Señor y participar en su obra. Dios no quiere que sus hijos, a los cuales proporcionó una salvación tan grande, trabajen como si él fuera un amo duro y exigente. El es nuestro mejor amigo, y cuando lo adoramos, quiere estar con nosotros para bendecirnos y confortarnos, llenando nuestro corazón de alegría y amor. El Señor quiere que sus hijos se consuelen en su servicio y hallen más placer que penalidad en el trabajo. El quiere que los que lo adoran saquen pensamientos preciosos de su cuidado y amor, para que estén siempre contentos y tengan gracia para conducirse honesta y fielmente en todas las cosas.

Es preciso juntarnos en torno de la cruz. Cristo, y Cristo crucificado, debe ser el tema de nuestra meditación, conversación y más gozosa emoción. Debemos tener presentes todas las bendiciones que recibimos de Dios, y al darnos cuenta de su gran amor, debiéramos estar prontos a confiar todas las cosas a la mano que fue clavada en la cruz por nosotros.

El alma puede elevarse hasta el cielo en las alas de la alabanza. Dios es adorado con cánticos y música en las mansiones celestiales, y al expresarle nuestra gratitud, nos aproximamos al culto de los habitantes del cielo. "El que ofrece sacrificio de alabanza me glorificará' (Salmo 50: 23). Presentémonos, pues, con gozo reverente delante de nuestro Creador con "acciones de gracias y voz de melodía" (Isaías 51: 3).

 

{Análisis del cáp 11 "¿Cómo podemos comunicarnos con Dios?" del libro El Camino a Cristo, Ellen G White 1827-1915}

 

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TESTIMONIOS COMO RESULTADO DE UNA ORACION CONSTANTE

 

El poder sanador de la Oración

 

Tammy era una doctora con un melanoma (cáncer de piel) en una etapa latente. Ella estaba recibiendo quimioterapia. Esperaba que la cirugía seguiría pronto después del programa de quimioterapia. Además de su programa de quimioterapia, Tammy consideraba su vida de oración como una parte integral de su plan de tratamiento. Tammy sabía que a través de su reciente experiencia personal que Dios la había conducido a cada paso del camino en relación a sus tratamientos médicos. Ella aun sentía la presencia y ayuda de Dios en pequeñas maneras durante su día.Los beneficios de la oración para su saludTener una vida activa de oración es benéfico para la salud física y emocional. La oración proporciona no solamente el poder de Dios sino también de sus recursos. Y además:

 

1. La oración proporciona libertad de la ansiedad con una habilidad aumentada para enfrentar la enfermedad, la muerte o la incapacidad

 

Sabiendo que Dios está en control y que usted se encuentra bajo sus alas puede ministrar a su corazón, y aliviar cualquier pensamiento de ansiedad.Deanna era una jovencita de 16 años de edad que padecía leucemia aguda. Durante los 5 años anteriores había tenido la enfermedad y había recaído dos veces. Deanna resolvió permanecer involucrada con su grupo juvenil de la iglesia y tener una vida activa de oración. La mamá de Deanna sabía que a su hija no le molestaba ir a las citas de la clínica o recibir quimioterapia, porque sentía como que su personal médico eran sus amigos y benefactores.

 

2. La oración le ayuda a tratar la depresión, y lo conduce a una recuperación más rápida

 

Laura tenía 40 años y formaba parte del personal docente de una universidad estatal. Estaba felizmente casada y tenía dos hijas adolescentes. De repente, su vida dio un vuelco dramático después de que su director del programa la acusó injustamente de tener un idilio ilícito y extendió esta calumnia entre los estudiantes y otros maestros. Semanas después Laura lloró mucho y se sentía impotente para enfrentarse al director del programa.

Finalmente, después de encasillar su agravio, recibir apoyo emocional de otros maestros tanto como del mediador del personal, y emplear tiempo revalorando su vida espiritual que incluía la oración, Laura empezó a salir de su depresión. Muchos meses después el agravio hecho a Laura fue arreglado, y el director del programa, que la había ofendido fue despedido.

 

3. La oración conduce a un aumento del promedio de vida y a un descenso en la mortalidad

 

Actualmente en los Estados Unidos el promedio de vida para las mujeres es de 79.7 años. Para los hombres es de 73.8 años. Esos resultados están basados en los promedios nacionales compilados por los Centros de control de enfermedad en Atlanta, Georgia.

Elena se reiría de esas estadísticas. Miraría a esos números y después de una sonora carcajada diría, “Bueno, se puede decir que yo he roto la norma otra vez.” Elena tiene 85 años, todavía se sostiene, y maneja para ir a la iglesia y a los centros comerciales.Si se le preguntara a Elena qué la mantiene tan activa, ella diría que su vida de oración, su relación con Dios y una buena cantidad de humor. Ahora, si usted cree que Elena ha tenido una vida fácil, piense de nuevo. Ella ha sobrevivido la Gran Depresión económica, el estrés de su joven esposo que fue soldado durante la Segunda Guerra Mundial y numerosos problemas médicos personales. Más recientemente ella ha sobrevivido a la muerte de su marido después de más de 50 años de matrimonio.

La longevidad de Elena es solo un ejemplo de lo que los doctores G. W. Comstock y J. A Tonascia encontraron en sus estudios. Descubrieron que una edad más temprana de muerte le sucede a aquellos que no asisten regularmente a los servicios de la iglesia.

 

4. La oración le permite a usted tener una mejor y más completa salud

 

Un reciente estudio de la Universidad Duke acerca de la gente anciana en Carolina del Norte siguió la correlación entre la asistencia a la iglesia (que incluía a la oración) y el sistema inmune de una persona.

Las muestras de sangre se tomaron de 1700 participantes en el estudio al comienzo de la investigación y después de nuevo seis años más tarde.Los análisis del laboratorio de nueve “cytoquines” (indicadores celulares del sistema inmune) fueron hechos. Los investigadores estaban interesados en esos “cytoquines” que ayudan a regular la reacción inflamatoria. Si un paciente tenía un elevado número de “cytoquines” inflamatorios entonces la reacción de su sistema inmune estaba deprimida.Los investigadores encontraron un nivel más abajo de cinco “cytoquines” responsables de la reacción inflamatoria en esos pacientes ancianos que asistían a la iglesia y oraban. Por lo tanto, estos pacientes tenían un sistema inmune de alto funcionamiento en comparación con aquellos pacientes ancianos que no asistían a la iglesia ni oraban.

Marcia Ory, una científica en el Instituto Nacional de la Vejez, llama a este estudio pionero increíblemente significativo porque investigó los nexos biológicos entre la participación religiosa y el sistema inmune.

 

COMO EMPEZAR SU PROPIA VIDA DE ORACION

 

1. Encuentre un lugar tranquilo en su casa donde pueda ir cada día.

 

2. Lea unos pocos versículos de su Biblia. Tal vez quiera empezar con leer el libro de los Salmos. Este libro es la compilación de los cantos y oraciones de David que él hizo delante de Dios.

 

3. Después que haya leído una pequeña porción de la Escritura, pase algún tiempo en una reflexión callada delante de Dios. Durante este tiempo agradezca a Dios calmadamente por lo que él ha hecho en su vida recientemente.

 

4. Continúe en su reflexión callada y oración ante Dios y confiese cualquier pecado que usted haya cometido y pida el perdón.

 

5. Pida a Dios que supla sus necesidades o las necesidades de un amigo. Reflexione sobre estas necesidades y pídale que las supla, una por una.

 

6. Cierre su tiempo de oración con un corto período de alabanza por lo que Dios es, por ejemplo, alábele por su soberanía, etc.

 

7. Haga de este tiempo de callada reflexión un evento diario en su vida. Haga un compromiso con esto.

 

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¿Ha enriquecido tu vida esta meditación y estudio? - Comparte con otros esta bendición.

 

 

Párrafos de Inspiración.

Nuestra Consagración

Ellen G White

Cáp 5, El Camino a Cristo

"La guerra contra nosotros mismos es la batalla más grande que jamás se haya reñido. El rendirse a sí mismo, entregando todo a la voluntad de Dios, requiere una lucha; mas para que el alma sea renovada en santidad, debe someterse antes a Dios."

El gobierno de Dios no se funda en una sumisión ciega ni en una reglamentación irracional, como Satanás quiere hacerlo aparecer. Al contrario, apela al entendimiento y a la conciencia. “¡Venid, pues, y estemos a cuenta" (Isaías 1:18) es la invitación del Creador a los seres que formó. Dios no fuerza la voluntad de sus criaturas. No puede aceptar un homenaje que no le sea otorgado voluntaria e inteligentemente."

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